martes, 23 de diciembre de 2008

Me levanto a las 06:10. Me preparo el café. Mi padre estaba desayunando desde hace 5 minutos, y mira las noticias con desgana. Gruño -es mi buenos días- y tomo mi taza para llenarla. La presentadora dice no sé qué de pérdida de una prometedora estrella de Hollywood. “¡Van atrasados mierda!” pienso. Y es porque creo que están hablando de Brad Renfro que fue encontrado sin vida en su piso el pasado miércoles, lo cual ya fue un shock. Pero cuando pronuncia Heath Ledger“, noto como una oleada de impresión y dejo la taza sobre la mesa.

Se produce una sensación extrañísima cuando el que muere es una de las divinas criaturas atemporales del todopoderoso Hollywood. No importa si es buen o mal actor, lo importante es el peso de su celebridad, desintegrándose en un par de frases de carácter policial asumidas por todos, “somníferos… hallado muerto en su apartamento de Manhattan…“. Se vuelven tan asquerosamente humanos en ese momento. Todo su glamour se viene abajo. Su muro de felicidad aséptica nos parece de pronto de cartón piedra.

Tanto Brad como Heath han dejado películas sin terminar, dejando patente la frase de James Dean, “muere joven y deja un bonito cadáver “. Una pena.

Seguidores